martes, 14 de febrero de 2012

Alivio


Qué bien se siente uno cuando sabe que ha cumplido con un pequeño cometido, cuando suelta ese pesado lastre que llevaba desde hacía tiempo arrastrando por su pequeño mundo como si fuera una penitencia. Cómo se te llenan los pulmones de ese aire fresco y rejuvenecedor que parece que se lleva consigo los viejos suspiros y anhelos, como si fuera un torrente de agua fría de lluvia desintegrando el barro.
Con qué ojos miras todo lo viejo, y sientes que la perspectiva lo disuelve todo como si el nudo en tu garganta fuera un lazo de seda mal anudado. De pronto la existencia es un remanso de paz y un nido soleado, un pequeño rinconcito solariego donde permanecer escuchando el trino de los pájaros y complacerse sabiendo que uno es de aquellos que cumplen con su palabra.
El tiempo se convierte en hamaca que mece las perspectivas con pereza, como si fuera una minúscula barquita en un mar transparente y apacible, como si el salubre fuera el olor de la victoria, y las olas que rompen los vítores que te reciben al cruzar el arco del triunfo.
Que rico sabe el arte cuando le aportas algo, aunque sea un mísero granito que nadie más verá y al que regalarás miradas furtivas de orgullo y autocomplacencia. Qué bien se siente el artista, el que aspira a serlo, y el que lo es sin saberlo.

1 comentarios:

  1. Umm! Que bueno!!
    Hasta me intriga saber que arte te ha hecho sentir tan a gusto :)
    Me ha gustado mucho la entrada. Un beso.

    ResponderSuprimir